Malasaña en clave diurna

Es fácil asociar el barrio de Malasaña con un estilo de vida nocturno y canallesco que bebe de los restos de la mitificada movida madrileña. Por eso el viajero que visita Madrid durante un par de días no suele incluir Malasaña en su itinerario diurno. Para comer, hacer compras o pasear escogerá otros barrios como Chueca o la zona centro. Ellos se lo pierden, porque Malasaña, con sus pintadas, su desaliño no intencionado y sus negocios variopintos, esconde sorpresas que hacen arquear las cejas del visitante más curioso y que encandilan incluso a aquellos que a las once de la noche empiezan a dar cabezadas de sueño.

Malasaña es fruto de la iniciativa privada; es un barrio hecho a sí mismo cuyo encanto no reside en lugares de interés público como un museo mastodóntico o un teatro oficial. Es cierto que allí se levantan la portada churrigueresca del Museo Municipal, en la calle de Fuencarral, y el teatro Alfil, sede por excelencia de los espectáculos de humor; pero lo hacen a sabiendas de no ser los pilares que sostienen el barrio.

Si todo distrito tiene un epicentro o eje que lo estructura, el de Malasaña sería la plaza del Dos de Mayo, a la que se podría otorgar sin titubeos el Premio Guinness a la mayor concentración de bares con terraza por metro cuadrado. Una vez allí, se puede empezar la ruta por el más nuevo de sus bares: el café de Mahón, colorista y con un nombre coherente con los quesos menorquinos que reinan en sus raciones y tostas. En el rincón opuesto de la plaza se halla uno de sus clásicos: el bar-pizzería Maravillas, cuyo reclamo olfativo es más eficaz que cualquier campaña publicitaria de las caras. La pizza podría ser uno de los hilos conductores del barrio. El invento italiano es la propuesta de Mastropiero, una pizzería legendaria que se ha mudado recientemente a la calle de San Vicente Ferrer. Su fama se debe no sólo a sus suculentas pizzas de dos tamaños, sino también a sus amables dueñas argentinas y a los trozos de tarta con dulce de leche que casi siempre regalan como postre.

Y es que en Malasaña hay oferta de sobra para comer a cualquier hora: para empezar el día con buen pie se puede desayunar en el restaurante Ojalá, en la calle de San Andrés, que desde las nueve de la mañana ofrece una selección de desayunos tan variada como sus meriendas y cenas. Lo mismo ocurre en El Burgado, un local de decoración limpia con efecto sedante que se distingue del resto bajo el título de bocadillería gourmet, como reza su letrero. Tiene wi-fi gratuito, y los fines de semana sirven brunch.

También es posible cenar a la estadounidense en Malasaña: Gumbo Ya Ya (Palma, 63), el hijo gastronómico del Gumbo de la calle del Pez, seduce con sabrosas recetas de comida criolla bajo la luz de sus flexos oficineros. Y en el Burger Bar Home (Espíritu Santo, 12), con pinta de diner norteamericano, el comensal podrá devorar una deliciosa hamburguesa. El local es una de las estrellas del barrio, por lo que se recomienda reservar con antelación.

Otra forma de explicar Malasaña es a través de sus rutas temáticas. Una de ellas es la de los azulejos castizos. Varios locales los mantienen todavía, ya sea en su fachada o en el interior. La esquina idónea para ver baldosines añejos en plena calle es la de la farmacia situada en la confluencia de las calles de San Andrés y San Vicente Ferrer: los anuncios en versión azulejo de “Fumables inofensivos Juanse” o del “Diarretil” de la misma marca remiten a remedios anteriores a Bayer o a GlaxoSmithKline. Estos letreros son perfectos para darse cita en el barrio. Existen más baldosines no muy lejos de aquí: los de la Antigua Huevería, hoy bar de copas de decoración algo teatral que contrasta con su fachada gallinácea, o los de la taberna gallega Casa do Compañeiro, también en San Vicente Ferrer.

Los apasionados de la ropa y los complementos encontrarán aquí su refugio. La calle del Barco es el punto de partida ideal: Corachán y Delgado ofrece una amplia selección de ropa vintage, nueva y usada, que recorre el periodo que media entre las décadas de los treinta y los setenta. También cerca queda Solo Amor,

un negocio decorado como un salón de casa, especializado en ropa noreuropea y muy colorista difícil de encontrar en otras boutiques madrileñas.

Los cómics son otro de los platos fuertes de Malasaña. Entre las tiendas más clásicas cabe destacar Knight Cómics, en el 2 de la calle del Pez, y entre las nuevas, The Cómic Co. (Divino Pastor 17). Los estudios de tatuajes son asimismo negocios típicos. Su baluarte es Mao & Cathy, en la Corredera Alta de San Pablo.

De toda la vida

Y para quien opine que Malasaña no es más que un barrio cool atestado de camisetas modernas, restaurantes alternativos y tiendas de vinilo (Up-beat, en la calle del Espíritu Santo, bien merece una visita), debe acudir a los bares de toda la vida, con suelo de baldosas de estampado tipo mortadela, pero en blanco y negro. El Palentino ejemplifica esta modalidad de locales castizos. Sobreiluminado a base de fluorescentes, con las paredes de espejo y la barra de zinc, este bar frecuentado antaño por personajes pintorescos entrados en años es hoy templo del moderneo treintañero. El bar-restaurante Casa Fidel también ha conservado sus valiosas losetas retro y ha reabierto para servir comida casera ibérica en un ambiente que combina lo minimal y lo rústico. El mejor antídoto contra lo fashion es Arrebato Libros (San Andrés, 12), una pequeña librería de segunda mano llena de tesoros culturales y de pop literario del siglo pasado. Ojo a sus ofertas por un euro que se exhiben en las cestitas de la entrada.

Antes o después del ocio, la gastronomía y el consumo, sería conveniente peregrinar a un lugar que, por su carácter nada convencional, sirve como metáfora de Malasaña. Se trata de Liquidación Total (San Vicente Ferrer, 23), sede de un colectivo de artistas alejados de los fastos mediáticos y emparentado con centros similares en la fría y venerada Europa del norte. Como el resto del barrio, permite descubrir propuestas inusuales.

(Texto publicado originalmente en El Viajero de El País el 29 de septiembre de 2007)

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